jueves, abril 27, 2006

LA TRAVESÍA POÉTICA
DE BADILLA CASTILLO
Daniel Bernal

La travesía poética de Badilla Castillo empieza en Valparaíso, Chile. Su relación creativa con el poeta, ya fallecido, Juan Luis Martínez, renovador del discurso de la poesía contemporánea, adecuarán su visión lírica y articularán su obra en los años sesenta. Los desajustes políticos en el Chile de la década posterior lo transforman en habitante circunstancial de Argentina, Rumania, España y finalmente Suecia. Es en este último lugar donde se nutre de las sagas nórdicas y sus versos se pueblan de elfos, duendes y habitantes mágicos de las noches y de los días eternos. "Fueron estas vivencias, diversas, distintas, pero que al mismo tiempo son partes irrenunciables de mi yo existencial las que alimentaron mi yo lírico. Y así el tiempo definido, concreto, medible de mi yo existencial, se transformó en asincrónico, ácrono y ucrónico, aquello que pudo ser y no fue".

La mutación de la realidad o el husmeo reincidido de las pródigas dimensiones de la realidad ("la realidad es aparente o está sujeta a una multiplicidad de contextos que se cruzan, entrelazan, se relativizan o son producto de la mente") conforma la originaria imagen de las peculiaridades específicas del Transrealismo poético. A ello se agrega, entre otras cosas, el manejo de una lengua profética, iluminada, donde el autor y su yo lírico se fusionan; los lenguajes se entreveran, tanto con un carácter místicos, como en la dicotomía urbana-gobal; la "desrealización" de la ordenación logicista y racional del concepto de realidad material ante la invasión dominante de los nuevos medios digitales.

Esta corriente "transrealista", definida por Elena Klein, investigadora en literatura de la Universidad de Sussex, como la de "aquel que se ubica al otro lado de la materialidad, más allá de la realidad, pero siempre en ella, para a partir de allí constituir y fundar su propio lenguaje poético", tiene sus adeptos más allá de las fronteras. "No es mi angustia ni mi fin el tener adeptos. Para mí lo importante es que los elementos incorporados en mi propuesta sean parte de una visión lírica gnóstica, es decir, una mirada fractal que me acerque al conocimiento absoluto e intuitivo y que este se proyecte en una poética.