sábado, junio 17, 2006

DEL BIG BANG A LA TRANSREALIDAD
DE SERGIO BADILLA CASTILLO

Hoy podemos decir, tomando como referente la física moderna, que la materia esencial, de la que están formadas todas las partículas básicas, se exterioriza en un espacio de innumerables dimensiones, de la que sólo distinguimos, tres o quizás, tomando en cuenta a el factor tiempo-espacio de Einstein, cuatro.

Demócrito declaraba, ya hace más de dos milenios, que la materia está constituida de átomos, partículas minúsculas e inherentes Lo que parecía simplemente una locura, o una mera especulación sofista, quedó de manifiesto a comienzos del siglo XX: Todos los cuerpos tangibles están constituidos por átomos, de un ínfimo tamaño equivalente a unas cuantas millonésimas de milímetro, Pensando que no había más, se habló que ya se había tocado fondo. Se había llegado al minimum.

Pero la realidad es nugatoria, engañosa. Lo que se había establecido como un átomo (lo absolutamente indivisible) está integrado, también, por partículas aún más reducidas. Estas recibieron el nombre de partículas elementales y se pensó, que de ahí, no hay más inframateria.

Sin embargo aún quedaba y queda una cantidad interminables de mundos ínfimos o de inversión del cosmos en la esfera de lo imposible tales como: los leptones, los neutrinos, los fermiones, los gluones los mesones los bariones o los cuark.

¿Qué es el vacío?. Es la carencia de contenido físico o psíquico en términos generales y para la física clásica es llanamente la falta o ausencia de todo. En la noción cuántica, en cambio, este concepto está determinado por la existencia de campos y las vibraciones y oscilaciones de estos conjuntos. Si observamos con detención entonces, el vacío cuántico no tiene ninguna relación con la idea intuitiva del vacío
tradicional, porque el cosmos está repleto de campos y de amalgamas: gravitacionales, electromagnéticos, de colores. Estos campos oscilan y fluctúan, como si fueran las olas interminables de un mar interminable.

En la visión pedestre se puede percibir una laguna en quietud total, donde la calma no despereza ni agita. Los campos cuánticos nunca están en sosiego; siempre están oscilando por las propiedades de este mundo transreal.

En el dominio del quántum el mundo concreto de la experiencia aparente se disuelve entre la mezcla de transformaciones y conversiones subatómicas. El caos se encuentra en el corazón de la materia; es parte principal y adventicia de los cambios que nos sorprenden con su azar, sujetados únicamente por códigos factibles, y así conceden a la cimentación ( qué barbaridad decir así) del cosmos una particularidad incierta.

El espacio/tiempo, en sí mismo, no es tan absoluto o inmutable como se ha concebido proverbialmente. Tiene cualidades dinámicas, que lo hacen curvarse y torcerse, desarrollarse y mutar. Estos cambios en espacio y tiempo ocurren tanto localmente, en los extramuros de nuestro planeta, y de manera global cuando se extiende el universo como un ente vivo. Los científicos han reconocido, ya ha mucho, que las ideas de la teoría del quántum deben aplicarse a la dinámica del espacio tiempo así como a la materia, una asignación que tiene consecuencias extraordinarias.

La teoría de incertidumbre de Heisenberg asigna limitaciones a la realidad, que son propias de la esencia misma. En base a sus deducciones: Una partícula no puede estar en quietud total, ya que eso significaría que está en todas partes en el Cosmos porque si la velocidad de la partícula es cero con tajante exactitud, entonces, la incertidumbre en su apariencia o posición es infinita. Y correspondientemente, si su disposición está circunscrita a una zona del infinito su velocidad no puede ser rotundamente nula.

Pensemos en un ejemplo simple: Si pasamos al revés una película de la vida diaria, ciertamente, veremos a personas o vehículos desplazándose hacia atrás; esto, en sí, no refuta ley física alguna, ya que quienquiera que se lo proponga consigue caminar al revés, como un simple juego artificioso
¿Cómo saber, entonces, si las personas involucradas en esta acción no lo hicieron de adrede para embaucar a los espectadores?

Veamos otro caso, que se presta para conjeturas. Por ejemplo, alguien vuelca el líquido de una copa al suelo; si hacemos posteriormente una proyección de atrás para adelante, veremos que la poza en el piso se aglutina súbitamente, configurando así un conjunto de líquido que a continuación termina siendo impulsado al interior de la copa. Indiscutiblemente, quien observe el suceso en el telón desde su cómoda butaca, descubrirá, sin mayores sospechas, que el filme ha sido adulterado.

Pero aquí habría que hacer algunas observaciones adicionales. El líquido en la copa está formado por millones de moléculas fusionadas por fuerzas electromagnéticas que se desplazan y oscilan en diferentes rumbos. Si lo miramos en un microscopio, de gran potencia, la agitación incierta de las moléculas tiene la misma apariencia que cuando la poza se aglutina para saltar al interior de la copa.
VISION TRANSREAL
En el mundo microscópico no existe distinción entre pasado y futuro, porque las reglas de la física no dependen de la dirección en que transita el tiempo. Por ello, es difícil establecer y precisar si la descripción de unas moléculas en movimiento, y en plena interacción, se está mostrando en la dirección exacta o simplemente es una realidad desigual a nuestra lógica.

El sentido del tiempo, de acuerdo al resultado del ejemplo expuesto, sería que es una cualidad meramente , estadística, de inventario.

Cuando se estudian o se analizan las características de un grupo considerable de materias o sujetos se apela justamente al inventario, a los registros de la estadística. Así, si estudiamos el registro demográfico de una nación, veremos que se emplean tópicos clasificatorios tales como cantidad de población, número de gente utilizada en una determinada tarea, edades, situación sanitaria, género, etc.
Esa es una información de tipo más práctica que tener un índice minucioso de carácter personal. Lo mismo pasa en la realidad científica: las cosas que advertimos y ocupamos a diario están formadas de trillones de moléculas y átomos. ¿Cómo hacer para clasificarlas u observarlas?

Es obvio en la perspectiva lógica de nuestra cultura moderna que basa sus fundamentos en los arbitrios articuladores de la civilización griega; y porque no decirlo, en la representación aristotélica de la genealogía, de la historia y en la estructuración de una realidad, no podría describirse una civilización si no es en un sentido de desarrollo nomotético donde el pasado precede al futuro. Sería inadmisible sostener que los seres pensantes lógicos no diferencian entre tiempo pretérito y futuro. Esta posición supuestamente paradójica es distintiva del ámbito físico.
Los cuerpos del mundo grande, por así expresarlo, se mueven en un sentido en el tiempo, que es totalmente diferente para el micro mundo de las moléculas y de los átomos que no marcan pasado y futuro. El tiempo en sí es una paradoja, un antojo de la gnosis, del conocimiento cabal, en el sentido de la Cábala.

También tendría que referirme a la relatividad especial, a aquella grandiosa teoría construida por Albert Einstein, que desde su mente prodigiosa altera los cimientos de la física, la filosofía y de la literatura. Einstein, señala en ella, que no existe un régimen categórico de relación, o sistema absoluto de referencia, ya que todas las manifestaciones físicas, (por no decir mejor, las apariencias), tendrían las mismas cualidades y formas en cualquier sistema. Ello supone, por ejemplo, que la velocidad de la luz en el vacío tiene siempre el mismo valor y que el tiempo ocurre de modo disímil según quien lo observe.

Desde los primeros momentos del Cosmos, en base a la hipótesis cosmológica más reconocida en el presente: la célebre Gran Explosión: El Big Bang, hasta nuestros días, (si son reales y no aparentes) cuando el proceder de la materia se representa a la altura de los átomos, actúa entonces, la física cuántica y todas nuestras imágenes inconscientes y maquinales se desvanecen; sólo permanecen partículas y campos cuánticos. que no responden a las variables ni a las condicionantes logicistas.

El tiempo es cíclico en la poesía trasrreal. Siguiendo la veta científica de lo que señala la teoría del Big Bang, el universo habría estallado hace alrededor de 15 mil millones de años, luego que se concentrara demasiada energía en su núcleo. Después vino un largo proceso de plétoras y quimeras donde comenzó el enfriamiento paulatino del cosmos y comenzó un proceso de diseño sideral, donde se sistematizan las estrellas, las galaxias, los planetas y posteriormente la propia vida. Sin embargo, en algún momento esta marcha de dilatación se rezaga; gira gradualmente en sentido contrario y comienza a contraerse. Como consecuencia de esta transformación cósmica, las nebulosas conformadas principalmente por estrellas muertas y por galaxias desarticuladas, comienzan a concentrarse en extremo hasta que implosionan, ulteriormente, con gran estridencia y vuelve a repetirse el pretérito Big Bang.


ORDENACIONES MATERIALES

Ahora bien ,la ciencia entera está, en este instante, rivalizando y aventurando fórmulas para dilucidar una manera de revelar las ordenaciones perceptibles y las inmateriales, con que se relaciona nuestra intimidad con el cosmos, y en fin, con todo aquello que cabe dentro del vacío cuántico y su relación de simulacro que son nuestras reflexiones y nuestro propio cerebro, es decir, desde la actividad indeterminada y teórica de los cuarks, pasando por los hoyos negros, al modo cotidiano – si bien complejo.-en que se desarrollan los vegetales: Todo esto que señalo, son los fractales ¿Cómo calificar entonces el morar dentro de un instante fractal y tener conciencia de ello, o mejor dicho, que importa todo aquello si lo que veo es lo que es, parafraseando a Jean Baudrillard que señaló: "lo que vemos es lo que es." en su libro“la precesión de los simulacros"

La trasrealidad poética esta unida a las ascendencias mágicas de una relación fractal , es decir , a su longitud infinita, a su dimensión fraccional o de fragmento y totalidad a todo nivel, sin que haya contradicciones, por que el instante fractal es el instante omnipotente, porque se conecta a todas las significaciones espaciales , donde el presente es futuro y pasado a la vez o porque el pasado es finitud mirado desde el presente, o el futuro es la semilla que brotará en la matriz ingénita.
También es la mirada de Eurínome, la diosa pelasgo - de todas las cosas - que se transforma en paloma, para poner el Huevo Universal y empollarlo sobre las aguas y así dar comienzo a la humanidad mítica y transreal y al mismo tiempo terminarla y volver a nacer, en un ciclo infinito, pleno de analogías e intimidades. Es el Ave Fénix que nace, vive, muere y renace en el mismo instante y en diversos instantes similares. Es Oua, «El Inaccesible», el Gran Pájaro resbalando en el espacio originario sobre las aguas. El Gran Pájaro quieto en el cielo, girando después y haciendo magnos ruedos sigilosos, hasta asentar el espacio. Sobre las aguas quietas surge una sombra cetrina: juncos, una colina y una primera balandra santificada.

En la poesía transreal la estructura del tiempo fractal determina los procesos de circunstancias en nuestra arbitraria objetividad. Cada segundo de nuestra vida incluye y refunde el pasado, el presente y el futuro, y así nos enfrentamos constantemente a nuestro nacimiento, a la cotidianidad, o sea, el ahora y también nuestra muerte, porque el espacio fractal, establece que la materia está en todas partes y de esta forma no sólo conformamos el cosmos, sino que nosotros somos el universo mismo ya que la transrealidad está integrada por una infinitud de espacios y vacíos, que incluyen en su intimidad. sucesos análogos comprendidos también en espacios y vacíos, y en las entrañas de cada uno de estos espacios y vacíos, hay, existen o habitan otros espacios y vacíos, y así hasta el infinito.


La poesía transreal y por ende, la teoría fractal que la sustenta, parecen tropezarse en ese contorno indefinido que hay en la materialidad entre el caos, la armonía y el simulacro de ambos; coexisten o existen en las regiones donde la quimera nos asusta. Es aprender a comprender la realidad de otro modo donde se amplifican y multiplican los espejos y sus transparencias, se originan laberintos interminables y el cosmos no es más que una parte de nuestra mente o viceversa.

Así por ejemplo, cuando se representa el proceder de la materia a la altura de los átomos, actúa entonces, la física cuántica y todas nuestras imágenes inconscientes y maquinales se desvanecen; sólo permanecen partículas y campos cuánticos.

La poesía transrealista se apodera de la Mimesis tradicional y la transforma en apariencia, como lo hace además con la raíz del simulacro en el sentido empleado por Baudrillard (1981) y Deleuze/Guattari (1976).

El universo está en la capacidad figurada de la mente transreal, porque somos parte de ese gran Big Bang que saltó hecho trizas en minúsculas partículas que inundaron el vacío y que generaron existencia a través de una pasarela entre el mundo sensible y el de la apariencia, o sea, una dominación del tiempo y del espacio en la que estamos nosotros como vástagos de ese mismo universo que se replica y se implica en nuestras mentes y en nuestro soma.